miércoles, 22 de abril de 2015


José María Vargas Vila

Prefacio 'Rosas De La Tarde' [Fragmento] (1968)

El Arte es siempre joven;
los dioses de la hélade, le dieron su perpetua
y, ardiente juventud;
lo Eterno está en el Arte;
por eso es inmortal;
en la Cronología de la Belleza, no hay Arte Antiguo,
ni Arte Moderno;
no hay sino Arte;
la eterna reproducción de la Belleza;
la eterna Creación, de cosas eternamente bellas;
los laureles apolónidas no se agotan jamás.
Fidias es tan moderno como Rodin;
y, Rodin tan antiguo como Fidias;
entre Rafael de Urbino, y los Prerrafaelistas
de Dante Gabriel Rossetti los siglos
no han corrido;
el mundo se detiene con igual admiración,
ante la Escuela de Atenas,
en las loges del Vaticano,
que ante la Ofelia de Millais,
en la Galería Nacional del Arte Británico,
o el Espejo de Venus,
en la colección Goldmann, de Lóndres;
el tiempo pasa sobre las Obras de Arte,
como el sol, sobre los mármoles sagrados:
para iluminarlos, no para destruirlos;
para poner en luz su Belleza, no para ultrajarla;
por eso el Arte no conoce la vejez.
Meleagro, es tan de actualidad como d'Annunzio,
y, Cátulo, tan moderno como Rubén Darío;
el mármol, es el mármol bajo todas las latitudes
y en todos los siglos, y, el canto es el canto
en todas las zonas y, todas las edades;
y, ambos, son siempre jóvenes,
si han sido ungidos por el Genio;
toda obra de Arte, es, una Revelación diaria,
a los ojos de aquellos que la contemplan;
no todos los ojos ni todas las mentes,
son hechas para la contemplación
y la comprensión del Arte;
contemplar, es función espiritual,
distinta y superior
a la facultad animal de ver;
comprender, es, una función psicológica,
muy distinta, a la función mecánica de leer;
todos pueden ver una Obra de Arte,
pero, no todos pueden contemplarla;
todos pueden leer un Libro de Arte,
pero no todos pueden comprenderlo...
contemplar y comprender,
son ya grados de iniciación,
en el mundo esotérico del Arte...
la Contemplación y, la Comprensión,
son dos virtudes minervinas
que llevan las almas al ciclo de la Admiración;
la Admiración, es Virtud de almas superiores;
es el privilegio del Arte, hallar en todos los siglos,
una atmósfera mental, que le permite
ser admirado por un núcleo de almas;
las más puras;
las más altas;
admirar el Arte, es ya una forma de ser Artista;
quien dice Arte, dice Belleza;
y, la Belleza Espiritual, pide, una disposición,
una naturaleza especial de Espíritu,
para ser admirada;
no a todas las almas, les es dado ese divino don;
pero, en todos los siglos, a pesar de las tristezas
de todas las épocas,
la Naturaleza, conserva un grupo de almas
capaces de comprenderlas,
y de vibrar y conmoverse
con las serenas, ardientes emociones
que inspira la Belleza, en los ritmos armoniosos
de la línea y del color,
o en los vuelos atrevidos de la música verbal;
un grupo de almas de Élite;
es para ellas que los artistas
de todos los tiempos,
han pintado, han esculpido,
o han escrito sus Obras inmortales;
es por ellas que viven los grandes mármoles,
los grandes lienzos, y los grandes libros;
por ellas vive el Arte;
ellas son el corazón de la inmortalidad.

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