lunes, 6 de abril de 2015


El Mundo; Una Contradicción

Por Ingrid Ortez ©

Ingrid Ortez [Poeta Nacida En Honduras]
Hemos llegado a puntos elevados de locura, pues la muerte nos escandaliza dependiendo de la cantidad, el estatus social, la ubicación y el color, dependiendo del tema. Clasificamos las muertes para que sean primera plana y parte de nuestra agenda de protestas dependiendo de que tanto mueve nuestras entrañas o afecta nuestros intereses, así la consideramos.

Nuestros patrones a seguir son ídolos de entretenimiento sin importar el tipo de valores y moral que estos tengan en su vida, mientras nos mantengan entretenidos los adoramos, alimentamos en nuestros niños y adolescentes la admiración por ídolos con pies de barro y en muchos casos con cabezas vacías, corruptos, delincuentes, falsos patrones de vida y dejamos de admirar y alabar a aquellos que cimentaron la historia de la humanidad, que lucharon por la libertad que hoy tenemos, aquellos que escribieron la historia del conocimiento de la ciencia y hacen historia positiva y constructiva, los que salvan vidas, los que alimentan el alma, el espíritu con sus acciones y su trabajo.

Colocamos a la religión en posición de mando y convertimos a sus servidores en ídolos que se fueron convirtiendo en monstruos y terminaron, en nombre de un Dios, haciendo monstruosidades, olvidando que son hombres y mujeres igual que todos, llenos de pasiones y defectos de egoísmos y de envidias.

Renunciamos al conocimiento, al análisis para dejarnos llevar por un consumismo barato, pagamos para no pensar, pagamos el alto precio de hacer lo que todos hacen sin preguntar si eso está bien, si es correcto o tiene base lógica, científica y de sentido común, que, dicho sea de paso, éste, es el menos común de los sentidos.

En nuestro afán de creer adoramos cualquier cosa y destruimos lo milagroso que es la vida, la naturaleza, dejamos de apreciar y valorar aquello que es un milagro; ver, sentir, pensar, hablar, oír, la palabra, el idioma, el poder comunicarnos, el cielo, las estrellas, los árboles, todo eso puesto en manos de niños inconscientes y nos dispusimos a destruirlo todo.
En nuestra locura nos creemos libres, pero seguimos siendo esclavos de todo o que nos rodea, de lo que caprichosamente nos gusta, de lo que queremos tener porque lo tiene el otro, de lo que mis carencias internas dictan y así vamos teniendo cosas, adquiriendo, llenando lo exterior y olvidamos liberarnos del látigo interior, de nuestros propios fantasmas, de nuestras propias miserias internas y andamos con tierra sobre tierra.

Las profesiones dignas dejaron de serlo y se convirtieron en lugares de lucro donde se venden al mejor postor, sin importar la piel o la vida de quién está en juego.

El periodismo dejó de ser constructivo para volverse destructivo, dejó de investigar, de profundizar, de buscar si los hechos son reales o no, y se volvió una revista barata de vanidades, donde sus mejores protagonistas son ladrones destructores y a estos los alaban y los publican y con eso venden y nos venden una mentira que nosotros sumisamente creemos y aceptamos, y hace alianzas con la política que se ha vuelto la mayor prostituta de todas y en ella se revuelcan las almas con menos aspiraciones sólo por alcanzar un poder que los llevará al control y al engaño para satisfacer sus propios y egoístas intereses, pero que por dentro serán solamente vasos vacíos destruyendo al prójimo.

La mujer, después de luchar por una posición en la sociedad y la cual les costó a muchas mujeres sus vidas, se da el lujo de patalear y de forma irresponsable somete los ideales a sus propios caprichos y carencias. Lucha por ser figurilla de escaparate alimentando lo efímero y olvidando lo que enriquece la mente, el alma y el espíritu, en muchos casos, esos pocos escalones logrados la convierten de víctima a victimario y se vuelve vengativa, torturadora, egoísta, envidiosa y pone trampa a su propio género y olvida la solidaridad, pero también se vuelve hueca y olvida su propia fuerza.

Y nos volvemos así dos seres compitiendo por tener la verdad, el control, el poder, cuando deberíamos luchar juntos por vivir, sobrevivir y conocernos, a pesar de nuestras diferencias apoyarnos pues vivimos en el mismo planeta.

El mundo ha perdido la razón, le llamamos bueno a lo malo y a lo malo lo ponemos en escenario y celebramos. Nos aferramos a ideologías y religiones que destruyen lo más valioso que nos ha sido dado; el ser humano.

El mundo ha perdido la razón, en una época donde ya no se prohíbe el conocimiento se inventa de todo y lo creemos y no se aprende a escudriñarlo todo y sacar de ello lo bueno y rechazar lo malo, pero ¿cómo hacerlo? si ni siquiera sabemos qué es bueno y qué es malo. Seguimos las tradiciones sin pensar si estas nos benefician, nos liberan o nos esclavizan.

La verdad creemos tenerla y matamos y peleamos por esa verdad, pero aun ni siquiera la buscamos, no sabemos cuál es, solamente queremos tener el placer de decir que la tenemos, y así vamos destruyéndonos. Deseamos conquistar otros universos y no hemos todavía aprendido a conquistarnos a nosotros mismos.

Olvidamos que somos seres compuestos y así como se alimenta el cuerpo, debe alimentarse el alma, la mente y el espíritu, pero equitativamente, de forma equilibrada, de lo contrario, el desequilibrio provocará desnutrición o monstruos. Dejamos que nuestros oídos, ojos, mente y alma se alimenten de cualquier cosa que aparece en las pantallas o en los escenarios o en los púlpitos o en los estadios o en las noticias, sin importar si eso, tarde o temprano nos corroerá el alma.

Nos la pasamos viendo el exterior del mundo sin ver nuestro interior y hacia dónde este va. Somos como niños, irresponsablemente jugando con fuego y torturando a otros por el placer de divertirnos, por el afán de tener. Nos hemos vuelto cómodos, haraganes, perezosos y entonces el mundo va por donde debiera, perdiendo la razón y nosotros somos los responsables.

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