miércoles, 22 de noviembre de 2017

La Muerte y El Duelo

La Muerte - Visión de San Juan by  Gustave Doré (1866)
¿Qué es la Muerte? La Muerte es la cesación definitiva de la vida. En el pensamiento tradicional, separación del cuerpo y el alma. Muerte natural; la que viene por pura vejez o decrepitud, sin accidente ni enfermedad, por lo menos en apariencia. Muerte violenta; la consecutiva a un traumatismo fortuito o la que se ejecuta privando de la vida a alguien intencionalmente. Muerte buena; para los cristianos, la que sobreviene en estado de gracia.

El término Muerte, bíblicamente hace referencia a uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis de San Juan, que junto a otros males como la Guerra, la Peste y el Hambre, igualmente producen mortandad. En la mitología griega tenemos a Caronte que era el viejo barquero que transportaba las almas de los muertos por la laguna Estigia hasta las puertas del mundo subterráneo. En esta misma mitología encontramos a las Moiras, sus equivalentes romanas eran las Parcas, ellas eran las personificaciones del Fatum o destino. Retratadas en el arte y la poesía como ancianas severas o como melancólicas doncellas, se las representaba siempre como tejedoras. Cloto (la Hilandera, hila el hilo de la vida), su equivalente romana era Nona. Láquesis (la Distribuidora de Suertes), decidía su duración y asignaba a cada persona su destino, su equivalente romana era Décima,  y Átropos (la Inexorable), llevaba las temibles tijeras que cortaban el hilo de la vida en el momento apropiado, su equivalente romana era Morta (‘Muerte’), y es a quien va referida la expresión “la Parca” en singular. Las decisiones de las Parcas no podían ser alteradas, ni siquiera por los dioses. También en la mitología griega aparece Tánatos, que era la personificación de la muerte no violenta. Su toque era suave, como el de su hermano gemelo Hipnos, el sueño. Era una criatura de una oscuridad escalofriante usualmente representada como un joven alado con una tea encendida en la mano que se le apaga o se le cae. En la mitología germánica nos encontramos con la diosa o giganta Hela que era la encargada del inframundo, y vivía debajo de una de las tres raíces del fresno sagrado Yggdrasil, y era la hija de Loki, el espíritu de la discordia o del mal, y de la giganta Angerbotha. Si pasamos por México nos asombramos con el Día de Muertos que es una celebración mexicana de origen prehispánico que honra a los difuntos el 2 de noviembre, comienza desde el 1 de noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos. El gran artista mexicano José Guadalupe Posada inmortalizó esta celebración con sus geniales y hermosas litografías.

Después de lo anteriormente anotado, esto es, lo que a mi modo de ver, sería la verdadera Cultura de la Muerte. Todo un entorno cultural, antropológico, sociológico, filosófico y artístico, alrededor del tema de la Muerte. Un tema que a lo largo y ancho de la historia de la humanidad, en todas las épocas y en pueblos tan apartados el uno del otro, siempre ha generado incertidumbre, curiosidad, admiración, temor y muchos interrogantes. La verdadera esencia de la Muerte no se conoce. Tal vez sea conocida por unos cuantos. Siempre estarán presentes las preguntas; ¿Hay vida después de la Muerte?, ¿La Muerte es algo definitivo ó temporal?, ¿Todo lo que define a una persona en vida, cuando fallece, para dónde se va?, y muchas preguntas así por el estilo, que difícilmente serían resueltas satisfactoriamente.

La Psicóloga Aída Luz Ocampo en su ensayo titulado; “Las Pérdidas, Una Visión Alternante”, expone, y cito: “…se habla  de una cultura de la muerte; en donde se encuentran las ideas de depresión, angustia, aborto, drogadicción, suicidio, corrupción, muerte social, destrucción y muerte; para concluir que la muerte se asocia directamente con todos los aspectos negativos del ser”. Con todo respeto disiento. Creo que todos estos aspectos negativos del ser como bien lo plantea ella en su ensayo, no tienen nada que ver con la Cultura de la Muerte. Al comienzo de este artículo, cuando se hace un breve recorrido por diferentes pueblos y culturas, y la forma en que ellos veían la Muerte. Se alcanza a percibir un genuino tinte de esperanza. Esperanza de que con la Muerte, no todo acaba. Que al sobrevenir la Muerte, seguiremos existiendo en una realidad diferente a la que conocemos, y que por lo tanto debemos prepararnos para ese viaje.

Lo que la autora, arriba citada, expone en su ensayo, creo que tiene que ver más con la Industria de la Muerte. Una industria que se alimenta de la guerra, y de cualquier cantidad de males asociados que agobian de tristeza y dolor a este mundo tal como lo conocemos. Estos aspectos negativos del ser, entre otros a saber, depresión, angustia, aborto, drogadicción, y suicidio, son una consecuencia nefasta de todos estos males, y se presentan, recurrentemente, al menos acá en occidente, debido a la desesperanza. Es una suerte de fatalismo en la que se tiene la convicción consciente o inconsciente, de que todo inicia, transcurre y termina en esta vida. No hay un más allá. Lo que sigue es un vacío total. La no trascendencia. La no existencia.

La Psicóloga Aída Luz Ocampo, dice muy acertadamente en su ensayo, y cito: “…es fundamental,  resaltar  que en nuestra cultura se enseña a elaborar un temor a la muerte, una visión negativa donde se imparten pautas, códigos y normas que se socializan en todos los espacios vitales como el hogar, la escuela y el vecindario; es decir, a  la muerte se le teme y se vive con pánico y dolor, se asocia a las palabras miedo, trauma y angustia”. Siguiendo adelante con esta idea, analicemos este párrafo detenidamente; no podemos desconocer nuestra realidad latinoamericana y por supuesto la colombiana. Vivimos en un clima de injusticia social constante. El futuro es incierto, sobre todo para las clases menos favorecidas, siempre está presente el temor permanente de morir de forma violenta ó en condiciones poco dignas. Los medios masivos de comunicación se encargan continuamente de alimentar este estado de cosas, pero con una doble mirada. Por un lado, informan de hechos traumáticos que afectan notablemente a la sociedad, y por el otro idealizan sutilmente al villano, que es el autor precisamente de muchos de estos execrables hechos. No se hace un análisis serio y profundo de por qué pasa lo que pasa. El periodismo amarillista sí existe; saturan al espectador promedio con imágenes de sangre y dolor sin sentido, explotando el morbo y la falta de compasión. Debido a esto, el ciudadano de a pie no percibe claramente que estamos inmersos en una guerra civil no declarada. Entonces, creo que no es tanto el miedo a la Muerte en sí, lo que aflige nuestros corazones, sino la forma de morir; ¿Cómo sería morir desangrado en un andén, producto de una puñalada propinada por un atracador y lejos del hogar?

Según la Psicóloga Ocampo: “…se hace de la muerte una negación permanente aunque ella está presente en todos los sentimientos de la vida; es decir, se muere al espacio del vientre de la madre y se nace a la vida, se muere a la adolescencia para nacer a la adultez, se muere a la noche para nacer al nuevo día…”. En primer lugar, no creo que se haga una negación permanente de la Muerte, el miedo que casi siempre nos acompaña cuando salimos de nuestras casas, es porque, si tenemos en cuenta el medio social en el que nos movemos, dentro de nosotros anida un temor no confesado de que la Muerte nos pueda sorprender en cualquier momento. En segundo, recordemos que la Muerte, en propiedad, es el fin de toda actividad y movimiento. Pasar del vientre de la madre al nacimiento, pasar de la adolescencia a la adultez, y pasar de la noche al nuevo día, yo lo veo más bien como etapas de un ciclo vital.

Otro aparte dice, y cito: “…Podríamos citar cómo en el área rural de nuestro país hay un mayor contacto con la muerte, se vive más como un hecho o fenómeno vital, se mueren a diario los animales, las plantas y las cosechas, hay un mayor sentido de pertenencia  al evento como algo más natural y resultado del proceso de vida”.  No creo que un campesino vea con mucho agrado que su cosecha se pierda producto de una helada o de una sequía, después de hacer préstamos con intereses muy altos y haber tenido que trabajar de sol a sol abonando y arando la tierra, con el anhelo de lograr una cosecha abundante.

También asegura la autora, y dice: “…A todo esto se suma la no existencia  de prácticas culturales que preparan para la muerte y solamente existen signos funerales  como la cruz, el color negro, el ataúd, el frío, las velas blancas, los señores blanquecidos, los vestidos negros, los cantos, los rezos lúgubres, las flores de muerto, etc.; los cuales no hacen sino estigmatizar el sentido de la muerte…”. Estos símbolos funerarios creo que existen precisamente para eso, preparar para la Muerte. Para un bien morir. Esto es algo cultural. No creo que esté determinado por la moda. Como dije anteriormente, esto de alguna forma está relacionado con el hecho de que existe la esperanza de que el ser querido fallecido, ha iniciado un viaje que lo llevará a un lugar en el cual va a encontrar la paz. Va a estar en un sitio libre de las preocupaciones terrenales. Por otro lado, no creo que estas prácticas estén estigmatizando la Muerte, por el contrario, lo que hacen es aceptarla, tal vez con resignación eso sí, pero de todos modos la aceptan.

La autora igualmente afirma, y cito: “…por otro lado, se habla de una cultura de la vida, en donde se hace  énfasis en el valor real y concreto de la vida,  se toma en las manos el curso de la vida y su historia; se enfatiza el sentido diferente de vivir en forma positiva, y la felicidad se convierte en el fin  productivo de la existencia”. Creo que esta afirmación es muy valiosa, y que se expresa a través de la música, el arte, la poesía, la literatura, la danza, etc. Estas son manifestaciones del espíritu humano en las que se le rinde homenaje a la vida, y también, por qué no decirlo a la Muerte. La autora cita a Isa Fonnegra, que argumenta: “…para hablar de la muerte hay que suscribirla en el gran sentido de la vida y en el proceso del ciclo vital, cómo ella es parte inherente de la condición de existir; la muerte, es pues, parte de la vida y se incluye como el momento inevitable que genera un sentimiento de pérdida y hay que admitir su vulnerabilidad.  Por lo tanto la reflexión sobre la muerte es la reflexión sobre la vida”. Esta reflexión igualmente es muy valiosa y ajustada a parámetros bastante lógicos, que encajan perfectamente en la dualidad arriba anotada, en la que la Cultura de la Vida y la Cultura de la Muerte, han estado presentes, al mismo tiempo, en la humanidad.

Ahora bien, para tratar de contestar la pregunta ¿De qué manera influye el contexto socio-cultural en la elaboración del duelo? Para comenzar, diremos que, el Duelo, es el que se presenta después de una pérdida, y que varía según el entorno cultural en el que se produce. Los pueblos ancestrales tenían la fuerte creencia en la vida después de la Muerte, y por lo tanto se preparaban en vida para cuando llegase ese momento. Así que, cuando al interior de una comunidad se producía una pérdida, la familia del difunto enfrentaba este evento con mucho optimismo. Por el contrario, en nuestro entorno cultural, la pérdida será siempre algo muy doloroso. No estamos lo suficientemente preparados para afrontar esta situación, digamos, racionalmente, en forma práctica. La causa de esto no se encuentra únicamente en la religión, también se encuentra en la educación y en el día a día que le toca vivir al ciudadano de a pie. Su preocupación principal es sobrevivir, y no dejarse aplastar por un sistema político-económico que lo empuja constantemente al límite. Esto sucede mientras, a través de los muy masivos medios de comunicación, es bombardeado sistemáticamente con imágenes y sonidos de falso confort. Así en estas condiciones, no quedan espacios para hacerse una reflexión seria y profunda, de los temas vitales del ser humano, como este que nos ocupa como lo es la Muerte, la esencia de la Muerte, el Duelo, la Cultura de la Muerte, la Cultura de la Vida, y las profundas implicaciones que tiene en todos los aspectos de la existencia humana.


Velcardo Rock – 2013.

La Victoria (Valle), Domingo 10 de Marzo de 2013


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