La Muerte y El Duelo
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| La Muerte - Visión de San Juan by Gustave Doré (1866) |
¿Qué es la Muerte? La Muerte es la cesación definitiva de la vida. En el pensamiento tradicional, separación del cuerpo y el alma. Muerte
natural; la que viene
por pura vejez o decrepitud, sin accidente ni enfermedad, por lo menos en
apariencia. Muerte
violenta; la consecutiva a un traumatismo fortuito o la que se ejecuta
privando de la vida a alguien intencionalmente. Muerte buena; para los cristianos, la
que sobreviene en estado de gracia.
El término Muerte, bíblicamente hace referencia a
uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis
de San Juan, que junto a otros males como la Guerra, la Peste y el Hambre, igualmente producen mortandad.
En la mitología griega tenemos a Caronte que era el viejo barquero que
transportaba las almas de los muertos por la laguna Estigia hasta las puertas
del mundo subterráneo. En esta misma mitología encontramos a las Moiras, sus equivalentes romanas eran
las Parcas, ellas eran las
personificaciones del Fatum o destino. Retratadas en el arte y la poesía como
ancianas severas o como melancólicas doncellas, se las representaba siempre
como tejedoras. Cloto (la Hilandera,
hila el hilo de la vida), su equivalente romana era Nona. Láquesis (la
Distribuidora de Suertes), decidía su duración y asignaba a cada persona su
destino, su equivalente romana era Décima, y Átropos
(la Inexorable), llevaba las temibles tijeras que cortaban el hilo de la vida
en el momento apropiado, su equivalente romana era Morta (‘Muerte’), y es a quien va referida la expresión “la Parca” en singular. Las
decisiones de las Parcas no podían
ser alteradas, ni siquiera por los dioses. También en la mitología griega aparece
Tánatos, que era la personificación de la muerte no violenta.
Su toque era suave, como el de su hermano gemelo Hipnos, el sueño. Era una criatura de una oscuridad escalofriante
usualmente representada como un joven alado con una tea encendida en la mano
que se le apaga o se le cae. En la mitología germánica nos encontramos con la
diosa o giganta Hela que era la
encargada del inframundo, y vivía
debajo de una de las tres raíces del fresno sagrado Yggdrasil, y era la hija de Loki,
el espíritu de la discordia o del mal, y de la giganta Angerbotha. Si pasamos por México nos asombramos con el Día de Muertos que es una celebración mexicana de origen
prehispánico que honra a los difuntos el 2 de noviembre, comienza desde el 1 de
noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos
y Todos los Santos. El gran
artista mexicano José Guadalupe Posada
inmortalizó esta celebración con sus geniales y hermosas litografías.
Después de lo anteriormente
anotado, esto es, lo que a mi modo de ver, sería la verdadera Cultura de la Muerte. Todo un entorno
cultural, antropológico, sociológico, filosófico y artístico, alrededor del
tema de la Muerte. Un tema que a lo
largo y ancho de la historia de la humanidad, en todas las épocas y en pueblos
tan apartados el uno del otro, siempre ha generado incertidumbre, curiosidad,
admiración, temor y muchos interrogantes. La verdadera esencia de la Muerte no se conoce. Tal vez sea
conocida por unos cuantos. Siempre estarán presentes las preguntas; ¿Hay vida
después de la Muerte?, ¿La Muerte es algo definitivo ó temporal?, ¿Todo lo que
define a una persona en vida, cuando fallece, para dónde se va?, y muchas
preguntas así por el estilo, que difícilmente serían resueltas
satisfactoriamente.
La Psicóloga Aída Luz Ocampo en su ensayo
titulado; “Las Pérdidas, Una Visión
Alternante”, expone, y cito: “…se habla de una cultura de la muerte; en donde se
encuentran las ideas de depresión, angustia, aborto, drogadicción, suicidio,
corrupción, muerte social, destrucción y muerte; para concluir que la muerte se
asocia directamente con todos los aspectos negativos del ser”. Con todo respeto disiento. Creo que todos estos aspectos negativos
del ser como bien lo plantea ella en su ensayo, no tienen nada que ver con la Cultura de la Muerte. Al comienzo de
este artículo, cuando se hace un breve recorrido por diferentes pueblos y
culturas, y la forma en que ellos veían la
Muerte. Se alcanza a percibir un genuino tinte de esperanza. Esperanza de
que con la Muerte, no todo acaba. Que
al sobrevenir la Muerte, seguiremos
existiendo en una realidad diferente a la que conocemos, y que por lo tanto
debemos prepararnos para ese viaje.
Lo que la autora,
arriba citada, expone en su ensayo, creo que tiene que ver más con la Industria de la Muerte. Una industria
que se alimenta de la guerra, y de cualquier cantidad de males asociados que
agobian de tristeza y dolor a este mundo tal como lo conocemos. Estos aspectos
negativos del ser, entre otros a saber, depresión, angustia, aborto,
drogadicción, y suicidio, son una consecuencia nefasta de todos estos males, y se
presentan, recurrentemente, al menos acá en occidente, debido a la desesperanza.
Es una suerte de fatalismo en la que se tiene la convicción consciente o
inconsciente, de que todo inicia, transcurre y termina en esta vida. No hay un
más allá. Lo que sigue es un vacío total. La no trascendencia. La no
existencia.
La Psicóloga Aída Luz
Ocampo, dice muy acertadamente en su ensayo, y cito: “…es fundamental, resaltar que en nuestra cultura se enseña a elaborar
un temor a la muerte, una visión negativa donde se imparten pautas, códigos y
normas que se socializan en todos los espacios vitales como el hogar, la
escuela y el vecindario; es decir, a la
muerte se le teme y se vive con pánico y dolor, se asocia a las palabras miedo,
trauma y angustia”. Siguiendo adelante con esta idea, analicemos este
párrafo detenidamente; no podemos desconocer nuestra realidad latinoamericana y
por supuesto la colombiana. Vivimos en un clima de injusticia social constante.
El futuro es incierto, sobre todo para las clases menos favorecidas, siempre
está presente el temor permanente de morir de forma violenta ó en condiciones
poco dignas. Los medios masivos de comunicación se encargan continuamente de
alimentar este estado de cosas, pero con una doble mirada. Por un lado,
informan de hechos traumáticos que afectan notablemente a la sociedad, y por el
otro idealizan sutilmente al villano, que es el autor precisamente de muchos de
estos execrables hechos. No se hace un análisis serio y profundo de por qué
pasa lo que pasa. El periodismo amarillista sí existe; saturan al espectador
promedio con imágenes de sangre y dolor sin sentido, explotando el morbo y la
falta de compasión. Debido a esto, el ciudadano de a pie no percibe claramente
que estamos inmersos en una guerra civil no declarada. Entonces, creo que no es
tanto el miedo a la Muerte en sí, lo
que aflige nuestros corazones, sino la forma de morir; ¿Cómo sería morir
desangrado en un andén, producto de una puñalada propinada por un atracador y
lejos del hogar?
Según la Psicóloga Ocampo: “…se hace de la muerte
una negación permanente aunque ella está presente en todos los sentimientos de
la vida; es decir, se muere al espacio del vientre de la madre y se nace a la
vida, se muere a la adolescencia para nacer a la adultez, se muere a la noche
para nacer al nuevo día…”. En primer lugar,
no creo que se haga una negación permanente de la Muerte, el miedo que casi siempre nos acompaña cuando salimos de
nuestras casas, es porque, si tenemos en cuenta el medio social en el que nos
movemos, dentro de nosotros anida un temor no confesado de que la Muerte nos pueda sorprender en
cualquier momento. En segundo, recordemos que la Muerte, en propiedad, es el fin de toda actividad y movimiento.
Pasar del vientre de la madre al nacimiento, pasar de la adolescencia a la
adultez, y pasar de la noche al nuevo día, yo lo veo más bien como etapas de un
ciclo vital.
Otro aparte dice, y
cito: “…Podríamos citar cómo en el área
rural de nuestro país hay un mayor contacto con la muerte, se vive más como un
hecho o fenómeno vital, se mueren a diario los animales, las plantas y las cosechas,
hay un mayor sentido de pertenencia al
evento como algo más natural y resultado del proceso de vida”. No creo que un campesino vea con mucho agrado
que su cosecha se pierda producto de una helada o de una sequía, después de
hacer préstamos con intereses muy altos y haber tenido que trabajar de sol a
sol abonando y arando la tierra, con el anhelo de lograr una cosecha abundante.
También asegura la
autora, y dice: “…A todo esto se suma la
no existencia de prácticas culturales
que preparan para la muerte y solamente existen signos funerales como la cruz, el color negro, el ataúd, el
frío, las velas blancas, los señores blanquecidos, los vestidos negros, los
cantos, los rezos lúgubres, las flores de muerto, etc.; los cuales no hacen
sino estigmatizar el sentido de la muerte…”. Estos símbolos funerarios creo
que existen precisamente para eso, preparar para la Muerte. Para un bien morir. Esto es algo cultural. No creo que
esté determinado por la moda. Como dije anteriormente, esto de alguna forma está
relacionado con el hecho de que existe la esperanza de que el ser querido
fallecido, ha iniciado un viaje que lo llevará a un lugar en el cual va a
encontrar la paz. Va a estar en un sitio libre de las preocupaciones
terrenales. Por otro lado, no creo que estas prácticas estén estigmatizando la Muerte, por el contrario, lo que
hacen es aceptarla, tal vez con resignación eso sí, pero de todos modos la
aceptan.
La autora igualmente
afirma, y cito: “…por otro lado, se habla
de una cultura de la vida, en donde se hace
énfasis en el valor real y concreto de la vida, se toma en las manos el curso de la vida y su
historia; se enfatiza el sentido diferente de vivir en forma positiva, y la
felicidad se convierte en el fin
productivo de la existencia”. Creo que esta afirmación es muy
valiosa, y que se expresa a través de la música, el arte, la poesía, la
literatura, la danza, etc. Estas son manifestaciones del espíritu humano en las
que se le rinde homenaje a la vida, y también, por qué no decirlo a la Muerte. La autora cita a Isa Fonnegra,
que argumenta: “…para hablar de la muerte
hay que suscribirla en el gran sentido de la vida y en el proceso del ciclo
vital, cómo ella es parte inherente de la condición de existir; la muerte, es
pues, parte de la vida y se incluye como el momento inevitable que genera un
sentimiento de pérdida y hay que admitir su vulnerabilidad. Por lo tanto la reflexión sobre la muerte es
la reflexión sobre la vida”. Esta reflexión igualmente es muy valiosa y
ajustada a parámetros bastante lógicos, que encajan perfectamente en la
dualidad arriba anotada, en la que la Cultura
de la Vida y la Cultura de la Muerte,
han estado presentes, al mismo tiempo, en la humanidad.
Ahora bien, para
tratar de contestar la pregunta ¿De qué
manera influye el contexto socio-cultural en la elaboración del duelo? Para
comenzar, diremos que, el Duelo, es el
que se presenta después de una pérdida, y que varía según el entorno cultural
en el que se produce. Los pueblos ancestrales tenían la fuerte creencia en la vida
después de la Muerte, y por lo tanto
se preparaban en vida para cuando llegase ese momento. Así que, cuando al
interior de una comunidad se producía una pérdida, la familia del difunto
enfrentaba este evento con mucho optimismo. Por el contrario, en nuestro
entorno cultural, la pérdida será siempre algo muy doloroso. No estamos lo
suficientemente preparados para afrontar esta situación, digamos,
racionalmente, en forma práctica. La causa de esto no se encuentra únicamente
en la religión, también se encuentra en la educación y en el día a día que le
toca vivir al ciudadano de a pie. Su preocupación principal es sobrevivir, y no
dejarse aplastar por un sistema político-económico que lo empuja constantemente
al límite. Esto sucede mientras, a través de los muy masivos medios de
comunicación, es bombardeado sistemáticamente con imágenes y sonidos de falso
confort. Así en estas condiciones, no quedan espacios para hacerse una
reflexión seria y profunda, de los temas vitales del ser humano, como este que
nos ocupa como lo es la Muerte, la
esencia de la Muerte, el Duelo, la Cultura de la Muerte, la
Cultura de la Vida, y las profundas implicaciones que tiene en todos los
aspectos de la existencia humana.
Velcardo Rock – 2013.
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La Victoria (Valle), Domingo 10 de Marzo de 2013 |
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