domingo, 29 de marzo de 2015

La Palabra
Pablo Neruda
De “Confieso Que He Vivido”

…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amasados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías, iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.


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jueves, 26 de marzo de 2015

Exhortación A Los Poetas

Rafael Sánchez Mazas



¿Os acordáis, amigos míos, de lo que nos dice San Pablo: «Vemos todas las cosas en espejo y por enigmas»? Vemos todas las cosas en nosotros mismos y todas las cosas en Dios. Así la poesía no es más que un juego –porque los juegos son lo verdaderamente necesario- entre el espejo humano y el enigma divino. Sus mejores prodigios son los que han logrado encerrar –circunscribir, como Miguel Ángel diría-, captar la intención o la inspiración misteriosa, en una forma cristalina. Se verifica entonces el peregrino hallazgo: la invención, la aclaración poética. Se dijo bien: dolce stil nuovo. Se dijo bien trouver, hallar, por trovar, ya que la poesía tiene siempre algo de hallazgo, y el hallazgo, de novedad y de frescura.

Mientras la poesía falsa –según la distinción de Galileo- ofrece láminas de herbario, la verdadera trae rosas frescas cubiertas de rocío. La fragancia de la sorpresa parece indispensable a su cifrada sencillez. Ni la más rigurosa servidumbre a figuras antiguas y estrictas de composición pone trabas a la novedad esencial; antes bien, la fija, aclara y ennoblece. Baste recordar a qué efectos nunca oídos de innovación y gracia llega el soneto de Mallarmé: «Reformaos –explica el apóstol- en la novedad de vuestra mente.»

La buena poesía es siempre nueva y antiquísima como el amor. Hasta su fin último posible, su escala luminosa, nos hará ir –con las palabras del mismo apóstol- «de claridad en claridad, reflejando como un espejo la gloria de Dios». Pues ¿qué dice Calixto enamorado cuando ve aparecer a Melibea? «En esto veo, Melibea –dice-, la magnificencia de Dios.» ¿Qué se pudo decir de Helena, de Beatriz, de Laura, sino que eran divinas y que no parecían mortales? Lo primero que dice el último enamorado de arrabal es como lo último que dicen los primeros maestros de la poesía. Esta es una prueba de la cristiandad esencial de lo poético, cuando aquí también los últimos acaban por ser los primeros. La poesía se reduce a llamar divinas a las cosas, a buscarles, queriendo, o sin querer, su destello de divinidad, su partícula celeste, su razón inexplicable de amor, su naturaleza en el espejo encantado, en aquel espejo de la gracia, que llevamos nosotros mismos. Así, en este sentido esencial no hay más que poesía religiosa. Ni tampoco hay más que universalidad religiosa. Por eso, la poesía solamente puede y debe hacer claras y universales las oscuras palabras de la tribu. Queriendo o sin querer, la lírica se subordina siempre a una mística, y hasta se confunde con ella cuando toca los últimos grados de su perfección. De una suprema fuente dimanan, por modo más o menos recóndito y abstruso, todas las corrientes inspiradas e inspiradoras, aunque no se sepa fácilmente de dónde vienen ni adónde van, mientras oímos su sonido, «porque esto sucede –dice San Juan- a todo lo que nace del espíritu». Solamente por virtud religiosa se transfigura nuestra total actitud contemplativa: desde el orden cósmico, hasta la idea del amor humano o del cerco nativo. El milagro poético se produce en el centro del ser de las cosas, y la poesía vive de milagro. A cada momento necesita, como en la bodas de Caná, que las cosas usuales y corrientes, como el agua, se le conviertan en embriagadoras. Lo milagroso no es sino la corriente en poesía.

Así, toda voluntad seria de renovar una vida poética –mucho más si se trata de una vida poética común- está condicionada por una voluntad más o menos latente y resuelta de renovación religiosa. Lo demás son Arcadias tardías, casi siempre sin Rambouillet.

En nuestra poesía moderna, desde Shelley, desde Leopardi, desde Baudelaire y Verlaine, hasta los más diversos de hoy, hasta Claudel y Stefan Georges o Miguel de Unamuno, la nota más profunda y decisiva está en su estremecimiento religioso. Uno de nuestros mejores hermanos contemporáneos, Rainer María Rilke, se hizo poeta eremita. Pero nosotros, para no ir a la isla desierta ni renunciar a la isla irreducible, que es toda conciencia de poeta, queremos formar un archipiélago.

Ningún hecho esencial de la Historia se ha explicado ni se ha movido nunca por la mera razón, sino en pro o en contra de la fe sobrenatural, o sea de la religión, con su natural compañía de poesía y heroísmo. Omnia religione moventur, decía Cicerón, y de San Pablo a Juan Bautista Vico, pasando por Bossuet, no hallaréis nunca otra explicación satisfactoria. Y Goethe o dirá maravillosamente lo mismo, y aun Husserl, si de ello o pagáis.

En las grandes crisis de la patria o del mundo, sólo el poeta, el santo, el héroe pueden lo que el político no puede. Esto quiere decir, con los ejemplos del valor y del sacrificio, retorno de palabras vivas, inagotables y radiantes, pero no en vanas apariencias de versificadores peritos y rezadores rutinarios, que son a veces mercaderes del templo de las Musas y del Templo de Dios.

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martes, 24 de marzo de 2015

Una Explicación Necesaria

Como diría el inmortal Chavo del 8: 'No soy fotógrafo ni lo volveré a hacer'. Esto porque sin ser la fotografía una de mis habilidades abrí una cuenta en Facebook para montar en ese sitio fotos del pueblo en el que vivo y que me vio nacer. Son fotos de lo feo y lo bonito que tenemos por acá. No pretendo enmascarar la realidad sino mostrarla tal cual es.

He seguido teniendo problemas con mi computador, y he tenido que estar saltando de computador en computador para poder escribir. Confieso que esto me ha generado cierto grado de desasosiego, y de estrés, ya que me he encariñado mucho con el Blog, y al no poder actualizarlo con más frecuencia como antes lo hacía, pues esto me llena de gran tristeza.

Como antes lo anoté en una anterior oportunidad, he sido bastante reacio a este cuento de las Redes Sociales. La idea de abrir una cuenta en Facebook, surge porque cuando hice algunos tutoriales en YouTube, para aprender a hacer esto, una recomendación que se hacía es que para promocionar el Blog, era muy útil estar en una red de estas. Pero pensé, fotos mías no. Entonces se me ocurrió que una buena forma de hacerlo sería con fotos del pueblito.

Esto lo hice hace poco. Apenas está comenzando. Algunas personas saben que soy yo el que gestiona esta cuenta, la mayoría no lo sabe. Considero que La Victoria (Valle), mi pueblo, es más importante que yo. Creo que de alguna manera he llenado una necesidad; muchos victorianos viven en el exterior, y pues con esta ventanita tienen la oportunidad de ver al pueblito. No son fotos profesionales, pero trato de hacerlas con cariño en el momento de disparar la cámara. En este momento estoy buscando ayuda para conseguir fotos del pueblo, pero de noche, ya que la camarita que tengo no tiene la capacidad de hacer ese trabajo. Es apenas de 12 megapixeles.

Esta cuenta la abrí a mi propio aire, no quise molestar a nadie. Este sitio quedó privado, el que quiera visitarlo tiene que enviar la invitación, gustoso lo recibiré. Cuando abrí este espacio, quería que fuera público, no privado, cuando sepa más sobre como administrar esta cuenta, corregiré esta situación. El sitio se llama Postales Victorianas. El ícono es una obra del genial artista holandés M.C. Escher; El Ojo.


La foto que está al fondo, es una foto antigua, que muestra el templo que tuvimos en nuestro pueblo, y que fue destruido por un terremoto.


Creo que era necesario hacer esta aclaración, y de paso compartirles algo de mi mundo.

Gracias por haberme escuchado. Nos videamos!

VELCARDO ROCK - 2015.
La Victoria (Valle),
24 de marzo de 2015.  

sábado, 21 de marzo de 2015

La Metamorfosis Del Pecado
A La Luz De Un Corazón Roto


El hombre es en esencia bueno, original e irrepetible. Así se ve al menos desde el momento de su nacimiento. Pero a medida que va creciendo, su mente, su alma y su corazón se van cargando de un gran cúmulo de imágenes, sonidos, colores, olores y sabores, que de una forma u otra van modificando su original esencia. ¿Pero cómo entraron todas estas sensaciones a nuestra humanidad? Pues, a través de los sentidos. Los sentidos son como ventanas que nos permiten asomarnos a este mundo en el que vivimos.

Estando ya toda esta información en nuestro interior, esta se mezcla en nuestro cerebro y empezamos a formar nuestro pensamiento, nuestras ideas y nuestro intelecto. Cómo vemos y sentimos el mundo que nos rodea. Cómo vemos y sentimos el mundo que nos vio nacer. Qué esperamos de este mundo y de que forma nuestras acciones lo afectan.

Así, de esta forma sería fácil pensar que ya todo está dicho y hecho. Pero hay cosas que van más allá de nuestra percepción sensorial. Cosas que por más que nos esforcemos escapan a nuestra comprensión; el instinto de conservación, el deseo de amar y de odiar, el ánimo de proteger o de destruir, la voluntad inquebrantable de enfrentarse a las adversidades aún a sabiendas de que seremos abatidos, la certeza, la alegría, el temor, la duda, y un largo etcétera.

La naturaleza humana es bastante compleja e impredecible. Es una confusa maraña de ideas, emociones y sentimientos. El ser humano es capaz de cometer las más salvajes atrocidades, muchas veces en nombre de nobles ideales. Pero también es capaz de realizar las más grandes proezas y sacrificios, aún a costa de su propia integridad.

Grandes pensadores han dedicado parte de su vida a tratar de descifrar el complejo enigma que entraña la naturaleza humana. Lo han hecho a través de las distintas herramientas que proporciona el saber humano; la psicología, la filosofía, la antropología, la arqueología, el arte, la ciencia e incluso la política, entre otras. Capítulo aparte tendríamos que hablar de la religión, pero esta, al igual que las anteriores también es fruto del saber humano.

Si miramos el comportamiento de los primitivos pueblos de la tierra, este no distaba mucho de las demás criaturas de la creación; buscar alimento, tener pareja, procrear, protegerse del frío, defender su hogar, etc. Este comportamiento era comparable, por ejemplo, al de sociedades perfectamente organizadas, como las abejas, las hormigas y las termitas. Toman de la tierra lo estrictamente necesario para sobrevivir. ¿Nosotros los seres humanos por qué no somos así? Siempre queremos más de lo que tenemos y nunca nos saciamos.

Ahora bien, según el relato bíblico del Génesis, el pecado entró al mundo por culpa de la desobediencia de nuestros primeros padres. Ellos cayeron en desgracia ante los ojos de Dios, por no haber obedecido su mandato de no comer la manzana prohibida, fueron tentados por las viles insinuaciones del Diablo. ¿Pero cómo fue esto posible? ¿Acaso la vanidad ya venía en el diseño original del Ser Humano? ¿De qué otra forma se explica que este aciago suceso de la tragedia humana se llevara a cabo? No olvidemos que la condición humana, desde el comienzo, era exactamente igual a la de las demás criaturas de la creación; caminaban desnudos en el Paraíso y no se avergonzaban de ello.

San Agustín, uno de los más grandes padres de la Iglesia Católica y notable pensador, se ocupó en profundidad del tema del pecado desde su experiencia personal en su más famosa obra que es “Confesiones”. En ella cuenta como fue su doloroso proceso de conversión al cristianismo, pasando por otros credos como el maniqueísmo y el neoplatonismo. Para San Agustín, el pecado es como una tremenda fuerza negativa que nos marca y nos arrastra en una turbia vorágine de deseos insanos. La concupiscencia de la carne, era para el ese apetito desaforado por el placer carnal, que lo apartaba dramáticamente de su camino hacia Dios.

Es oportuno decir que el sexo ilícito es una de las armas más formidables del Protervo para confundir, subyugar y bestializar a la humanidad. Ahí tenemos por ejemplo el caso de San Antonio Abad, que se retiró a una vida ascética de oración y ayuno, buscando alejarse de las tentaciones terrenales para poder acercarse a Dios. Pero el Inicuo buscó romper su concentración espiritual enviándole sensuales, tentadoras y hermosas mujeres desnudas, propósito en el que fracasó.

Si analizamos detenidamente ese primer acto de la tragedia humana en que nuestros primeros padres desobedecieron a Dios, este tiene una muy fuerte simbología: la manzana prohibida podría ser el sexo no para procrear, sino el sexo como vehículo para exacerbar los más bajos instintos. Tal vez esto fue lo que empezó a atormentar el alma de San Agustín en la madurez de su vida, después de haber saciado con abundancia su cuerpo con las mieles del amor carnal. Tanto que hasta tuvo un hijo con la mujer que era su concubina, ya que su relación no era formal. San Agustín en su obra “Confesiones”, habla de su hijo Adeodato, que en latín significa “regalo de Dios”. Pero, de la mujer con la que convivió en un espacio de quince años, la madre de Adeodato, el omite su nombre. Esta relación se convirtió para el en algo vergonzante y pecaminoso.

El relato que se ha hecho de la fascinante vida de San Agustín, nos cuenta que Santa Mónica, su madre, tuvo mucho que ver con su conversión, y para ser justos, digamos que en parte esto es bastante cierto. Pero también es cierto que San Agustín en la medianía de su vida, tuvo una fuerte crisis de fe, cuando se dio cuenta que el había estado demasiado tiempo dedicado a la vida secular, que la muerte lo podría sorprender en cualquier momento y que su alma se podría perder en el abismo irremisiblemente y para siempre. Es entonces cuando, con su corazón temeroso y lleno de dudas, se produce la iluminación; estando en meditación un buen día en el jardín de su casa, oyó una voz, como la de un niño, que le decía: «¡Tolle, lege!» (“¡Toma y lee!”), tomó La Biblia que tenía a su lado, la abrió al azar y leyó un pasaje de la Epístola de San Pablo a los Romanos, que rezaba así: «Andemos con decencia y honestidad como se suele andar durante el día: no en comilonas, y borracheras, no en deshonestidades, y disoluciones, no en contiendas, y envidias: mas revestíos de nuestro señor Jesu-Christo, y no busquéis cómo contentar los antojos de vuestra sensualidad. [Rom. XIII, 13-14]» (“Confesiones”; Libro VIII, cap. XII). Es a partir de ese momento que se separa de su concubina y se lleva consigo a su hijo. Esa concubina, que lo amaba, ahora sabemos que se llamaba Floria Emilia.

Floria Emilia escribió una extensa carta dirigida a San Agustín, que ha llegado hasta nuestros días como un hermoso manuscrito titulado «Vita Brevis» (que en latín significa “La vida es breve”). Este texto es considerado como la respuesta de Floria Emilia a “Confesiones”, el libro escrito por San Agustín. En esta carta, Floria Emilia, desde su muy personal visión femenina, le reclama a Aurelio Agustín por haberla abandonado y haberla separado de su hijo. Le reclama a Mónica, la madre de San Agustín, por apartarla de Aurelio Agustín. Le reclama a Dios por arrebatarle al hombre que ella amaba, tan es así que ella hizo votos de no volver a conocer otro hombre y también manifiesta claramente el temor de que lleguen tiempos en los que las mujeres sean asesinadas por hombres de la iglesia de Roma, no solo por ser mujeres sino porque sean consideradas fuente de tentación y lujuria, sabiendo que las mujeres poseen también el don de la maternidad, y sin ese don, con toda seguridad la humanidad no existiría.

Tengamos en cuenta que los protagonistas de este drama, vivieron en una época turbulenta; la Edad Media. Esta fue una época especialmente difícil para la humanidad, ya que estuvo fuertemente marcada por la superstición y la superchería. Se creía que la tierra era plana y que la Tierra era el centro del universo; la Teoría Geocéntrica. En la vieja y rancia Europa, se vivía un ambiente constante de temor a plagas y enfermedades sin cura. La instrucción era solo para gente privilegiada y los que podrían ser considerados privilegiados, como San Agustín en este caso, estaban sometidos a una gran presión social por mantener su estatus. Las disensiones de orden teológico, filosófico y científico, contra los grandes dogmas de fe de la Iglesia Católica, muchas veces eran perseguidas como herejías, apostasía y magia por la Inquisición. En términos generales digamos que la vieja Europa estaba atrapada en sus propios miedos, tanto así que ni siquiera conocían la existencia de un mundo más allá de sus fronteras, hasta que Cristóbal Colón descubrió un Nuevo Continente.

Tanto Aurelio Agustín como Floria Emilia tuvieron que vivir en este mundo y enfrentarse a todo esto. Cada uno tuvo que lidiar con sus propios fantasmas, pero tal parece que Floria Emilia se llevó la peor parte. San Agustín, después de sortear grandes dificultades de tipo espiritual, por fin alcanzó la iluminación y también obtuvo la compañía de su hijo Adeodato. Floria Emilia por su parte, se vio separada de Aurelio Agustín y también del hijo que había tenido con el. En «Vita Brevis» la carta que ella le envió a Aurelio Agustín, se ve reflejada esta pérdida y la inmensa tristeza, soledad y rabia que la embargan.

Se ha dicho que la relación de San Agustín con su madre era edípica, pero esta es una muy pobre lectura, porque si esto fuera cierto, el se habría convertido al Cristianismo en los primeros años de su vida y no en su edad madura, después de haber vivido en amancebamiento con una mujer que ni siquiera era de su mismo estatus social. Este es entre otros, uno de los más fuertes reclamos que Floria Emilia le hace a Aurelio Agustín; si su relación era pecaminosa ¿Por qué vivieron sin casarse por más de doce años y hasta tuvieron un hijo?

Floria Emilia también le reclama a Mónica, porque sentía que de alguna forma la indisponía contra ella: «Muchas veces me he preguntado si en el fondo no fue tu propia madre la que te robó la voluntad de amar a una mujer. El que me amaras ¿no fue la razón por la que Mónica se negaba a vivir en la misma casa y a comer en la misma mesa que tú?» (“Vita Brevis”; cap. IV).

Para concluir. Hoy en día, se podría decir que el pecado ha ganado estatus. Del mundo que les tocó vivir a Aurelio Agustín y Floria Emilia, solo quedan unos cuantos vestigios. El pecado hoy por hoy se disfraza de glamour, no es sino ver toda la parafernalia que se despliega en los reinados de belleza, en el mundo de la moda y en la pornografía. El sexo vende, es rentable. Mientras esto pasa la promiscuidad se ve por doquier y hasta muchas aberraciones son socialmente aceptadas. Muchas veces los llamados a corregir estas acciones, las cohonestan sin el más mínimo asomo de pudor o recato.

El mundo de hoy en día plantea y exige nuevos retos; para servir a Dios no es estrictamente necesario convertirse a la vida religiosa. Se puede servir a Dios, armados de una fe inquebrantable, en cualquier ámbito que nos encontremos, o en cualquier rol que estemos desempeñando en este mundo. Se puede servir a Dios como hijo, como padre, como hermano, como amigo, como vecino, como compañero de trabajo, como artista, etc. Las tentaciones y amenazas son muchas y de diverso orden; hay una guerra espiritual no solo en nuestro interior, sino también allá afuera. Esto siempre ha sido así y ahora con mucha más furia.


Velcardo Rock
La Victoria (V),
Sábado, 7 de Abril de 2012.

viernes, 20 de marzo de 2015

La Perrilla

José Manuel Marroquín

Es flaca sobremanera
Toda humana previsión,
Pues en más de una ocasión
Sale lo que no se espera.

Salió al campo una mañana
Un experto cazador,
El más hábil y el mejor
Alumno que tuvo Diana.

Seguíale gran cuadrilla
De ejercitados monteros,
De ojeadores, ballesteros,
Y de mozos de traílla.

Van todos apercibidos
Con las armas necesarias,
Y llevan de castas varios
Perros diestros y atrevidos,

Caballos de noble raza,
Cornetas de m0nte; en fin,
Cuanto exige Moratín
En su poema «La Caza».

Levantan pronto una pieza,
Un jabalí corpulento,
Que huye veloz, rabo al viento.
Y rompiendo la maleza.

Todos siguen con gran bulla
Tras la cerdosa alimaña;
Pero ella se da tal maña
Que a todos los aturulla;

Y aunque gastan todo el día
En paradas, idas, vueltas,
Y carreras y revueltas,
Es vana tanta porfía.

Ahora que los lectores
Han visto de qué manera
Pudo burlarse la fiera
De los tales cazadores,

Oigan lo que aconteció,
Y aunque es suceso que admira,
No piensen, no, que es mentira,
Que lo cuenta quien lo vio.

Al pie de uno de los cerros
Que batieron aquel día
Una viejilla vivía,
Que oyó ladrar los perros;

Y con ganas de saber
En qué paraba la fiesta,
Iba subiendo la cuesta
A eso del anochecer.

Con ella iba una perrilla…,
Mas, sin pasar adelante,
Es preciso que un instante
Gastemos en describirla:

Perra de canes decana
Y entre perras protoperra,
Era tenida en su tierra
Por perra antediluviana;

Flaco era el animalejo,
El más rico de los canes,
Era el rastro, eran los manes
De un cuasi-semi-ex-gozquejo;

Sarnosa era…, digo mal,
No era una perra sarnosa,
Era una sarna perrosa
Y en figura de animal.

Era, otrsí, derrengada;
La derribaba un resuello;
Pude decirse que aquello
No era perra ni era nada.

A ver, pues, la batahola
La vieja al cerro subía,
De la perra en compañía,
Que era lo mismo que ir sola.

Por donde iba hizo la suerte
Que se hubiese el jabalí
Escondido, por si así
Se libraba de la muerte.

Empero, sintiendo luego
Que por ahí andaba gente,
Tuvo por cosa prudente
Tomar las de Villadiego.

La vieja entonces al ver
Que escapaba por la loma
¡Sus!, dijo por pura  broma,
Y la perra echó a correr.

Y aquella perra extenuada,
Sombra de perra que fue,
De la cual se dijo que
No era perra ni era nada,

Aquella perrilla sí,
Cosa es de volverse loco,
No pudo coger tampoco
Al maldito jabalí.

***

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Manuel_Marroqu%C3%ADn

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/biografias/marrjose.htm

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/marroquin.htm