lunes, 8 de julio de 2019


Relaciones Humanas
Trabajo Glandular


Por Julián Vélez Zúñiga


¿Alguna vez usted ha sido tratado injustamente por un amigo, pariente o relacionado? ¿Una persona a quien usted ha hecho objeto de atenciones, consideración y beneficios le ha pagado mal? ¿Después de un hecho ingrato ha sentido usted odio o rencor contra esa persona?

Si las respuestas a estas preguntas son todas SÍ, permítame que le haga algunas consideraciones al respecto. Debo advertirle que no soy ninguna autoridad en la materia ni me afianzo en título distinto al de la experiencia lograda en el duro batallar por la vida, pero antes de considerar como tontería cuanto he de decirle piense objetivamente y si lo merezco concédame la razón.

Ahí va.

Cuando analizamos en qué consiste la vida, nos damos cuenta que es el resultado de una serie de reacciones químicas de muchas sustancias dentro de nuestro organismo. La mayoría de estas sustancias, si no todas, son producidas por el mismo organismo por medio de glándulas extendidas a todo lo largo y ancho del cuerpo. Estas glándulas son de secreción interna y de secreción externa y sus secreciones reaccionan con las de otras glándulas produciendo una serie de fenómenos que en su conjunto son la manifestación de vida.

Estas glándulas reciben diferentes nombres y entre ellas tenemos: las adrenales, las suprarrenales, la tima, hipófisis, tiroides, parótidas y también las malparótidas.

Estas glándulas están ubicadas en el cerebro (las malparótidas) y segregan una sustancia llamada malparidina la cual se incorpora al torrente sanguíneo y al mezclarse con la adrenalina que es la sustancia que activa nuestros movimientos cuando recibimos emociones súbitas, entonces nos impele a actuar de manera tendenciosa, egoísta, traicionera, solapada, ladina, vil y miserable.

Podemos asegurar que quien se comporta de manera ruin y baja, no es culpable de nada, sino por el contrario víctima de los efectos de la hiperactividad de las glándulas malparótidas.

Por supuesto, toda persona tiene esas glándulas, pero su acción no es igual en todas, debido a que hay algo que contrarresta esos efectos nocivos y antisociales.

Sucede que, las madres tienen al lado de las glándulas mamarias, otras más pequeñas que se llaman maternales y segregan una sustancia que conocemos con el nombre de maternina. Esta maternina, es segregada cuando se estimulan las glándulas maternales, pero estas a su vez solo funcionan cuando la madre amamanta al hijo con ternura, amor y gran voluntad. En caso de embarazo involuntario, no deseado, parto difícil, etc. la madre siente rechazo por el hijo y este resulta alimentado de mala voluntad, por tanto, no recibe maternina y es esta sustancia precisamente la encargada de contrarrestar los efectos nocivos de la malparidina. Así pues, quien no recibió maternina en su primera infancia sufre una hipertrofia de las glándulas malparótidas, segrega malparidina en exceso sin tener nada que la contrarreste y empieza a padecer de malparidismo, enfermedad que cuando se hace crónica, hace tránsito al hijueputismo, lo cual, según los más eminentes tratadistas, es incurable, ya que no ha sido posible en laboratorio aislar los componentes esenciales ni de la maternina ni de la malparidina.

El hijueputismo a veces es causa de muerte y siempre, aunque no mortal, motivo de grandes molestias que hacen que el sujeto no sea de buen recibo en parte alguna.

Según conclusiones de grandes científicos quienes se han dedicado al estudio de esta grave condición humana, el virus del hijueputismo, si revierte, pero mediante un proceso complicado que consiste en lavar los huesos con soda cáustica a los cuatro años de haber sacado los restos.

Como ve amigo, la gente no tiene la culpa de comportarse mal. Son sus glándulas. Tenga en cuenta que ninguna universidad del mundo puede dar normas de conducta perfecta. Esto solo se recibe con la leche materna. Desgraciadamente, hoy día, observamos un incremento exagerado de víctimas del malparidismo y del hijueputismo.


***