Relaciones
Humanas
Trabajo
Glandular
Por Julián Vélez Zúñiga
¿Alguna vez usted ha sido tratado
injustamente por un amigo, pariente o relacionado? ¿Una persona a quien usted
ha hecho objeto de atenciones, consideración y beneficios le ha pagado mal?
¿Después de un hecho ingrato ha sentido usted odio o rencor contra esa persona?
Si las respuestas a estas
preguntas son todas SÍ, permítame que le haga algunas consideraciones al
respecto. Debo advertirle que no soy ninguna autoridad en la materia ni me
afianzo en título distinto al de la experiencia lograda en el duro batallar por
la vida, pero antes de considerar como tontería cuanto he de decirle piense
objetivamente y si lo merezco concédame la razón.
Ahí va.
Cuando analizamos en qué consiste
la vida, nos damos cuenta que es el resultado de una serie de reacciones
químicas de muchas sustancias dentro de nuestro organismo. La mayoría de estas
sustancias, si no todas, son producidas por el mismo organismo por medio de
glándulas extendidas a todo lo largo y ancho del cuerpo. Estas glándulas son de
secreción interna y de secreción externa y sus secreciones reaccionan con las
de otras glándulas produciendo una serie de fenómenos que en su conjunto son la
manifestación de vida.
Estas glándulas reciben
diferentes nombres y entre ellas tenemos: las adrenales, las suprarrenales, la
tima, hipófisis, tiroides, parótidas y también las malparótidas.
Estas glándulas están ubicadas en
el cerebro (las malparótidas) y segregan una sustancia llamada malparidina la
cual se incorpora al torrente sanguíneo y al mezclarse con la adrenalina que es
la sustancia que activa nuestros movimientos cuando recibimos emociones
súbitas, entonces nos impele a actuar de manera tendenciosa, egoísta,
traicionera, solapada, ladina, vil y miserable.
Podemos asegurar que quien se
comporta de manera ruin y baja, no es culpable de nada, sino por el contrario
víctima de los efectos de la hiperactividad de las glándulas malparótidas.
Por supuesto, toda persona tiene
esas glándulas, pero su acción no es igual en todas, debido a que hay algo que
contrarresta esos efectos nocivos y antisociales.
Sucede que, las madres tienen al
lado de las glándulas mamarias, otras más pequeñas que se llaman maternales y
segregan una sustancia que conocemos con el nombre de maternina. Esta maternina, es segregada cuando se estimulan las glándulas maternales, pero estas a su vez
solo funcionan cuando la madre amamanta al hijo con ternura, amor y gran
voluntad. En caso de embarazo involuntario, no deseado, parto difícil, etc. la
madre siente rechazo por el hijo y este resulta alimentado de mala voluntad,
por tanto, no recibe maternina y es esta sustancia precisamente la encargada de
contrarrestar los efectos nocivos de la malparidina. Así pues, quien no recibió
maternina en su primera infancia sufre una hipertrofia de las glándulas
malparótidas, segrega malparidina en exceso sin tener nada que la contrarreste
y empieza a padecer de malparidismo, enfermedad que cuando se hace crónica, hace
tránsito al hijueputismo, lo cual, según los más eminentes tratadistas, es
incurable, ya que no ha sido posible en laboratorio aislar los componentes
esenciales ni de la maternina ni de la malparidina.
El hijueputismo a veces es causa
de muerte y siempre, aunque no mortal, motivo de grandes molestias que hacen
que el sujeto no sea de buen recibo en parte alguna.
Según conclusiones de grandes
científicos quienes se han dedicado al estudio de esta grave condición humana,
el virus del hijueputismo, si revierte, pero mediante un proceso complicado que
consiste en lavar los huesos con soda cáustica a los cuatro años de haber
sacado los restos.
Como ve amigo, la gente no tiene
la culpa de comportarse mal. Son sus glándulas. Tenga en cuenta que ninguna
universidad del mundo puede dar normas de conducta perfecta. Esto solo se
recibe con la leche materna. Desgraciadamente, hoy día, observamos un incremento
exagerado de víctimas del malparidismo y del hijueputismo.
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