A propósito del primer aniversario del fallecimiento de nuestro Nóbel.
Gabriel García Márquez
El Cataclismo De Damocles [Fragmento]
Conferencia en Ixtapa (1986)
| Gabriel García Márquez (1927-2014) |
Un minuto después de la última explosión, más de la mitad de los seres
humanos habrá muerto, el polvo y el humo de los continentes en llamas derrotarán
a la luz solar, y las tinieblas absolutas volverán a reinar en el mundo. Un
invierno de lluvias anaranjadas y huracanes helados invertirá el tiempo de los
océanos y volteará el curso de los ríos, cuyos peces habrán muerto de sed en
las aguas ardientes, y cuyos pájaros no encontrarán el cielo. Las nieves
perpetuas cubrirán el desierto del Sahara, la vasta Amazonía desaparecerá de la
faz del planeta destruída por el granizo, y la wera del rock y de los corazones
transplantados estará de regreso a su infancia glacial. Los pocos seres humanos
que sobrevivan al primer espanto, y los que hubieran tenido el privilegio de un
refugio seguro a las tres de la tarde del lunes aciago de la catástrofe magna,
sólo habrá salvado la vida para morir después por el horror de sus recuerdos.
La creación habrá terminado. En el caos final de la humedad y las noches
eternas, el único vestigio de lo que fue la vida serán las cucarachas.
Señores Presidentes, señores Primeros Ministros, amigas, amigos:
Esto no es un mal plagio del delirio de Juan en su destierro de Patmos,
sino la visión anticipada de un desatre cósmico que puede suceder en este mismo
instante: la explosión -dirigida o accidental- de sólo una parte mínima del
arsenal nuclear que duerme con un ojo y vela con el otro en las santabárbaras
de las grandes potencias.
Así es. Hoy, seis de agosto de 1986, existen en el mundo más de
cincuenta mil ojivas nucleares emplazadas. En términos caseros, esto quiere
decir que cada ser humano, sin excluir a los niños, está sentado en un
barrilcon unas cuatro toneladas de dinamita, cuya explosión total puede
eliminar doce veces todo rastro de vida en la Tierra. La potencia de
aniquilación de esta amenaza colosal, que pende sobre nuestras cabezas como un
cataclismo de Damocles, plantea la posibilidad teórica de inutilizar cuatro
planetas más que los que giran alrededor del sol, y de influir en el equilibrio
del sistema solar. Ninguna ciencia, ningún arte, ninguna industria se ha
doblado a sí misma tantas veces como la industria nuclear desde su origen, hace
cuarenta y un años, ni ninguna otra creación del ingenio humano ha tenido nunca
tanto poder de determinación sobre el destino del mundo.
El único consuelo de estas simplificaciones terroríficas, -si de algo
nos sirven-, es comprobar que la preservación de la vida humana en la tierra
sigue siendo todavía más barata que la peste nuclear. Pues con el solo hecho de
existir, el tremendo apocalípsis cautivo en los silos de muerte de los países
más ricos estará malbaratando las posibilidades de una vida mejor para todos...
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